Ecoparque: refugio de animales

Ecoparque, el refugio de los animales en riesgo. Desde hace 10 años, el viejo zoológico se transformó en un moderno centro de rescate y conservación de especies en peligro de extinción.
Hay un lugar en la Ciudad de Buenos Aires donde un guacamayo aprende a no depender de los humanos, pequeñas ranas en peligro crítico de extinción son criadas para repoblar un arroyo deteriorado por la Represa de Yacyretá y el material genético de yaguaretés, pumas y otras especies amenazadas duerme a casi 200 grados bajo cero, preservando la diversidad de ecosistemas que conforman el bioma argentino.
Ese lugar es el Hospital de Fauna Silvestre del Ecoparque de Buenos Aires, que funciona todos los días detrás de las puertas de uno de los predios más emblemáticos de la Ciudad.
Puerta de entrada a la conservación
La visita comienza en el antiguo hospital veterinario del viejo Zoológico que, desde hace 10 años, pasó de ser un lugar de exhibición de animales a un moderno centro de rescate y conservación de alcance nacional. "El Ecoparque es una institución de puertas abiertas -explica el educador Hernán Morlino-. Invitamos a las familias a aprender sobre biodiversidad y la importancia de conservar nuestras especies nativas".
La primera parada es el recinto de un guacamayo rojo. Su plumaje escarlata parece encender el gris del invierno porteño. Sin embargo, el ave presenta una excesiva afinidad con los seres humanos, un comportamiento indeseable para un animal silvestre. "Nos entienden como fuente de alimento, y eso no es bueno", explica un profesional del área. El objetivo es que, una vez recuperado, el ejemplar pueda regresar a Corrientes y formar parte de un programa de reintroducción desarrollado junto a la ONG Rewilding Argentina.
Más adelante, en la Sala de Cría de Anfibios, una temperatura constante de entre 19 y 22 grados protege a unas pequeñas habitantes inmóviles: las ranitas del arroyo Valcheta, de la provincia de Río Negro. Apenas miden unos centímetros, pero su importancia es enorme. La conservadora Ana Paula Baldonedo cuenta que la degradación ambiental y la introducción de especies exóticas -como la trucha- la llevaron al borde de la desaparición. La respuesta del Ecoparque fue extraordinaria: criarlas en condiciones controladas y liberarlas luego en su hábitat natural. "Ya sumamos 3179 individuos nuevos al ambiente", señalan con orgullo.
Antes de ser liberadas, las ranitas son marcadas con polímeros visibles bajo luz ultravioleta para poder identificarlas posteriormente. Su alimentación también exige rigurosidad: necesitan grillos y gusanos vivos porque requieren ver el movimiento de las presas para activar su instinto de caza.
También es sustancial la tarea en torno a los caracoles del arroyo Apipé: hoy, se consideran extintos en la naturaleza ya que la represa modificó las zonas del río Paraná donde habitaban. En el Ecoparque, buscan mejorar su estado de conservación para que pronto vuelvan a la naturaleza.
Detrás de cada cifra hay años de trabajo, viajes de más de 1200 kilómetros y un seguimiento minucioso de cada ejemplar.
Laboratorio de última generación
La siguiente escala parece un laboratorio de ciencia ficción. Es el Banco de Recursos Genéticos, con grandes tanques de nitrógeno líquido que custodian material biológico de 128 especies. El director del Laboratorio de Biotecnología Reproductiva, Adrián Sestelo, abre una de las tapas metálicas y revela el tesoro invisible. "Acá se preserva la biodiversidad del país", dice. "Tenemos material espermático de pumas, yaguaretés y otros felinos argentinos. Los ambientes y la biodiversidad se están perdiendo; aquí podemos conservarlos".
El laboratorio es único en la región. Allí se producen embriones, se cultivan células madre y se desarrollan técnicas de reproducción asistida. Gracias a estos avances, el equipo logró hitos inéditos, como el nacimiento de un muflón córcego -en 2003- mediante inseminación artificial utilizando esperma congelado y la recuperación de un águila coronada que hoy integra la primera pareja reproductora de su especie.
El recorrido continúa por el consultorio veterinario, el quirófano y las áreas de internación y cuidados intensivos. Los animales del Ecoparque están identificados mediante microchips y cada especie requiere protocolos específicos. Un tubo de acrílico transparente permite realizar radiografías a serpientes; para los animales de gran tamaño, la sedación se realiza mediante dardos.
En cada sala se percibe la misma sensación: la de un hospital donde cada caso puede significar la supervivencia de una especie entera. Incluso los residuos forman parte de la lógica de conservación. El Ecoparque cuenta con un biodigestor que transforma las heces de los animales y otros desechos orgánicos en energía limpia y biofertilizante mediante la acción de bacterias anaeróbicas. Nada se desperdicia; todo se reintegra al ciclo de la vida.
Cuando la visita termina, queda la impresión de haber recorrido un territorio secreto de la Ciudad. Aquí, un caracol que se clona a sí mismo, una diminuta rana patagónica o un majestuoso guacamayo rojo tienen algo en común: todos representan la posibilidad de que una especie amenazada vuelva a tener futuro.
Datos útiles
Ingreso gratuito: Para residentes de la Ciudad de Buenos Aires, menores de 12 años, jubilados y mayores de 65 y discapacitados.
Con costo: La entrada tiene un valor de $9.871 para argentinos no residentes en la Ciudad y $19.741 para extranjeros. Lo recaudado se destina a los programas de rescate de fauna, atención veterinaria, conservación e investigación.
Visitas guiadas al Hospital: De martes a domingo a las 14. Consultas: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


